jueves, 10 de septiembre de 2015

De cataros, fieles del amor , templarios, trovadores y sufis.


Guillermo IX , conde de Poitiers y Duque de Aquitania, es el primer trovador cuyo nombre conocemos. Este caballero y poeta estuvo en las Cruzadas, luchando en Tierra Santa y también estuvo presente en la Cruzada Ibérica, en las tierras de al-Andalus.

Tanto en ultramar como en la Península acabó teniendo contacto con la cultura árabe y el esoterismo musulmán en sus diferentes corrientes, incluyendo el sufismo.  Sufismo como escuela heterodoxa que a través del Amor y el misticismo pretende llegar a Dios. Fue este personaje quien puso los cimientos de la trovadoresca y la poesía provenzal. La vida de este caballero a la vuelta de la guerra se divide en días componiendo poemas  y noches de tertulias con doctos maestros musulmanes, particularmente con los místicos sufies de origen andalusí. Los versos de estos maestros hablan de una dama ideal, de deseo, embriaguez, amor y regocijo en la unión con ella. Celebran la sensualidad, los placeres de la vida, la belleza, el amor...e incluso hablan del vino. ¿Qué sucede aquí? ¿Como hombres fieles al Islam, que llevan vidas ascéticas, hablan y componen versos donde exaltan los encantos femeninos?

La respuesta es que ese afecto amoroso es una herramienta para su elevación espiritual, al igual que la danza de los derviches que aceleran el ritmo hasta llegar a un arrebato que les induce a estados alterados de conciencia que desembocan en trances místicos. No olvidemos que esos derviches son también una rama del sufismo.

El lenguaje figurado y alegórico de los sufis es como la poesía mística española de personajes como San Juan de la Cruz o Santa Teresa que además de que beben de sus raíces judías y moriscas, interpretan a su manera el Cantar de los Cantares, donde Salomón juega con esa metáfora de la mujer como alma, que busca la unión con el amado, que es Dios. Y es que tanto la poesía provenzal, como nuestra poesía mística bebieron de esas fuentes sufis de al-Andalus.

Entre los escritos que consultaban los sufis, estaban los textos de Platón, elementos avesticos de Irán... trovadores cataros y sufis tenían en común, la transmisión de conceptos heterodoxos a través de algo inocuo como era un poema de amor. Los versos de unos y otros hacen referencia a la alquimia espiritual.

Denis de Rougemont, dice que la influencia sufi está más que probada, y el camino que la lleva desde España a Francia en el siglo IX y X. Ernest Scott, va más allá y dice que es una acción verdaderamente planificada para influir en Occidente, basándose en el mito del encuentro entre los maestros del esoterismo de Occidente (el Temple) y Oriente (Sufis). De esta forma nació una escuela legendaria de sabiduría que aún hoy se sigue buscando  y que de existir ha permanecido oculta a los profanos.

La denominada operación sufí, gestada a dúo con el Temple, en la búsqueda de la reunificación de las Tres Religiones, con un ejercito sufi-templario, y un rey que pudiera ser reconocido por las tres religiones, tendría la poesía trovadoresca en Francia y España, y los Fieles del Amor, con Dante a la cabeza, como representante más conocido. La alquimia fue sin duda una herramienta para esta cadena de conocimiento y transmisión de Oriente y Occidente. Así es como Fulcanelli, en su obra El misterio de las catedrales, interpreta los poemas de amor como un verdadero lenguaje en clave, que habla de las diferentes operaciones alquímicas. Y así es como se habla de esa corriente templaria-sufi que  combina simbolos que preservan la tradicion catara del Languedoc.

No es tan descabellado esa relación cataros-sufis-templarios, no podemos olvidar que el sufismo bebía de esas tradiciones avésticas dualistas que inspiraron a Mani, la doctrina maniquea de la que bebía el catarismo, así que no es imposible ese encuentro gozoso entre ellos a espaldas de Roma. Cataros y sufis creían en una verdad universal revelada a través de diferentes maestros y la existencia de un Dios único.  Todos ellos creían que el amor era la forma de llegar a Dios. La cuna del catarismo nace en Oriente Próximo de allí pasa a Bulgaria, hasta que los adeptos bogomilos se asientan en el Languedoc.

Asin Palacios, ya demostró la influencia del sufismo en Dante y los Fieles del Amor pero a la vez a través de los cataros que huían y se aposentaron en la corte de Alfonso X el Sabio  en Toledo, como Guirard Requier, que el maniqueismo cataro también influyó en la poesia española y andalusí. 

No podemos olvidar que los poemas "trovadorescos", sobre el Grial, están compuestos en esta línea. Pero del Grial, ya seguiremos hablando otro día.