martes, 3 de diciembre de 2013

La Mézquita del Cristo de la Luz: La leyenda y otros datos

La primera iglesia que encuentra el viajero que penetra a Toledo por la puerta de la Conquista o de Alfonso VI, es esta pequeña ermita. En su recinto se oyó la primera misa, tras la toma de la ciudad allá por el 25 de mayo del año 1085.
Alguna gente fantasea con que este lugar podría ser grande, pues bien siento defraudar a aquellos que no conozcan la mezquita del Cristo de la Luz, pues sus dimensiones se reducen a 14 metros de largo y 7 de ancho.

Según los expertos debió levantarse hacia el siglo XI, sobre el emplazamiento del solar que ocupó una ermita en tiempos visigodos y sobre el que se edificó una pequeña mezquita que para los entendidos en arte islamico es una de las más bellas y complejas muestras del arte musulmán en nuestro país.

El edificio está dividido en dos naves, la primera sustenta en su centro cuatro pequeñas columnas de variado dibujo y sobre él se cruzan 9 bóvedas sostenidas por arcos lisos. Pendiente del central encontramos la cruz de madera que traía Alfonso VI en su escudo y bajo la cual hay una leyenda que dice: "Este es el escudo que dejó en esta ermita el rey Don Alfonso VI, cuando ganó a Toledo y se dijo aquí su primera misa".

El edificio es un verdadero muestrario de la arquitectura hispanomusulmana, y está situada en pleno barrio nobiliario, donde la mandaría construir en pleno periodo califal, que la levantó  por motivos piadosos, en los últimos días del año 999, el arquitecto fue  Musa ibn Alí,según aparece en letras cuficas en el relieve de ladrillos que decora la fachada.. La planta cuadrada se reduce a 66,5 metros y donde encontramos cuatro columnas cuyos capiteles visigodos son reutilizados. Es un modelo en escala pequeña, de arcos herradura cubiertos por cupulillas de arcos cruzados iguales como los de la Maqsura de la Mezquita de Córdoba.

Al exterior está decorada con arquerías sobre muros de mampostería y ladrillo, contrasta con el interior, revestida de yeso, en el que quedan restos de cierta policromía pictorica y cerámica.  Por sus características no hay duda de que es una mezquita de barrio. Este tipo de arquitectura califal con el tiempo iría desarrollando las características del múdejar toledano. A raíz de la conquista de Toledo se dedicó al culto crisitiano, hasta que en el siglo XII, se le añade un ábside, que establece el modelo de de cabeceras mudejares de las iglesias de la ciudad. La decoración pictórica está muy deteriorada, y contiene frescos románico mudejares muy similares a los que tiene la iglesia de san Román. En el siglo XV, sufrió modificaciones en tiempos del Cardenal Mendoza, y a finales del XIX se la aisla de otras construcciones y  sufre varias reparaciones.

Varias leyendas tienen como escenario esta mezquita, las más conocidas nos hablan de que en la calle había un cristo crucificado. Un judio malvado envenenó sus pies para que murieran los fieles al besarlos. Así que el Cristo retiraba los pies cuando iban a besarlos. En una noche de tormenta el judío desesperado le clava una lanza y se la lleva a un estorcolero pero por el rastro de sangre que deja es encontrada y devuelta a su sitio, siendo tambien encontrado el culpable.

La otra leyenda nos habla de que con la invasión musulmana los cristianos tapian y ocultan la imagen poniéndola una pequeña lamparita, creyendo que en breve todo volverá a la normalidad. De esta forma el Cristo permanece escondido más de cuatro siglos, hasta la conquista de Toledo. Cuando Alfonso VI sube por esta calle, otros citan al Cid, su caballo cae de rodillas ante la mezquita y no avanza, el rey baja del caballo y cual no es sorpresa que ve un destello a través de una rendija pide que se abra y aparece el Cristo iluminando con el candil que tras 400 años seguía encendido.

La mezquita está precedida de una zona ajardinada que es un mirador, que se levanta sobre una de las partes más antiguas de la muralla que se conserva y concretamente se divisa el muro Azor, que fue edificado en época visigoda por el rey Wamba ( siglo VII), no muy lejos de la Mezquita está la Puerta del Sol, de simbología extraña y de la que hablaremos otro día.