jueves, 13 de noviembre de 2014

Arte visigodo: Caracteristicas (III)

Fue ya en el siglo VII, cuando se consolida la liturgia y su ordenamiento dentro del espacio templario en función de la tradición.

Resalta el respeto hacia el altar, prohibiéndose a los laicos acercarse a él. El diaconicum, o sacristía también fue prohibida a los laicos, y ministros menores ( que también tenían prohibido tocar los vasos sagrados). Sólo el obispo podía consagrar el altar de una iglesia. Se empezó a dignificar el altar, cubriéndolo con manteles, San Braulio de Zaragoza, pidió que esto se hiciera con gran pompa a la hora de vísperas. Se prohibió por completo el hacer la misa en casas particulares y sobre las tumbas de los difuntos.

Cerca de los altares, se empezaron a colocar los  grandes relicarios . El sagrario estaba en el templo pero no relacionado con el altar. Se usaban palomas para conservar la Eucaristía, una de hierro se ha conservado en el Museo Arqueológico Nacional de Madid.

Por desgracia de la arquitectura aúlica visigoda no nos ha quedado nada. Aunque tenemos referencias de  impresionantes basílicas en Mérida, y Évora, y las catedrales de Toledo y de Sevilla, construidas a la forma de los godos en sillería. En el norte de España tenemos las capillas subterráneas en la roca y algunas capillas rurales , y pequeños restos de monasterios en el área extremeña y toledana.

Hoy vamos a estudiar San Juan de Baños, templo del que dijo Schlunk: "Una de las creaciones más originales del arte visigodo, sin posible paralelo dentro y fuera de España". Por su parte Chueca Goitia, añadió, "Lo más interesante es la forma en que está concebido el espacio en forma de suma de pequeñas combinaciones de ambientes que se suceden estratificadamente. Esto es lo que en otras palabras se ha llamado espacio compartimentado, implica una relación con oriente". 

Es importante destacar el porche que tuvo al exterior San Juan de Baños al exterior, en los pies y lados. Este porche parece ser que existió en otras iglesias visigodas y asturianas. Del porche se dijo que era para refugio de peregrinos y caminantes pero hay otras teorías que apuntan a una utilidad litúrgica, concretamente Iñigo Almerch, habla de una liturgia sirio-bizantina o antioquena, que en determinadas partes de la misa contenía ritos procesionales antes de las lecturas además de la procesión de las ofrendas. De ahí que se necesitara más de una sacristía, y quizás para esto se utilizaran las habitaciones y el porche.

Frente al gran desarrollo de la arquitectura, destaca el poco avance de la escultura,  que se reduce a relieves decorativos. Y será San Pedro de la Nave, donde encontremos a fines del siglo VII, el primer programa iconográfico realizado por el Maestro de la Nave. Tenemos a Daniel entre los leones, que es facilmente reconocible pero además por si acaso con la epigrafía, DANIEL MISSVS EST IN LAQUM, otro capitel con el Apóstol Tomas y un libro titulado EMMANVEL, y otro personajes que es Felipe. Sabemos que la cueva es una cisterna porque contiene agua, y porque la palabra lacus se refiere tanto a fosa, como cisterna. Esta imagen nos habla de la salvación por el agua del cristiano, es decir el Bautismo. Los leones son los neófitos que reciben el agua purificadora, que reconocen en Daniel la figura del Cristo Salvador. Este capitel es complejo, Jean Marie Hoppe, habla de su exégesis eclesial y bautismal como de las más complejas de la época. Porque el bautismo comporta a la vez las ideas de muerte y resurrección. Y solo tenemos una relación iconográfica con una placa del siglo VI, encontrada en Berna.

Otro capitel nos dice VBI HABRAAM OBTVLIT ISAC FILIVM SVVM OLOCAVSTVM DONO, y es el momento dramático en que Abraham, levanta el brazo con el cuchillo para matar a su hijo Isaac, como si fuera un cordero en honor de Yavé. Aquí lo importante es la aparición de la mano angélica- Es una escena que prefigura el sacrificio de Cristo, de ahí la presencia en el altar cristiano. Las aves que picotean los racimos nos hablan del sacramento de la Eucaristía, indispensable para la salvación. Más extrañas son las imagenes tonsuradas de los apóstoles que aluden al IV Concilio de Toledo, y sus disposiciones para los eclesiásticos. 

Fontaine, habla de que los grafismos de esta iglesia estaban ya presentes en la España del siglo IV, es decir vinculado a una espiritualidad monacal y contemplativa anterior a la llegada de los visigodos. Y como siempre destaca la iconografía española y su originalidad frente al arte cristiano europeo, ya que en España no se perdió lo "popular".