jueves, 21 de agosto de 2014

Judíos en Al-Andalus

Maimonides, en la judería cordobesa, Plaza de Tiberiades

Son muchos autores, tanto cristianos como musulmanes, los que admiten la colaboración prestada por los judíos hispanosvisigodos, a los invasores musulmanes. Esta tradición es recogida incluso por Menéndez Pelayo en su "Historia de los heterodoxos españoles". Esta tradición de la cooperación judía con los musulmanes fue difundida por los cronistas medievales y a base de repetirla se fue haciendo firme. Y  de esta forma ya en la "Continuatio Hispana", a la tradición del conde don Julián, Oppas, Sisberto, los hijos de Witiza, se unieron los judíos como conspiradores del Reino y agentes infiltrados que abrieron las puertas a los moros en todas las ciudades.

Lo cierto es que una crónica musulmana del siglo XI, conocida como Akhbar Machmúa, que nos describe la invasión del año 711, habla claramente sobre la colaboración prestada por los judíos a los moros con noticias concretas. Así se nos habla de un ejército judío, que acaudillado por Kaula al-Yehudi, muere en el año 718 junto a los invasores. Tambien se describen los destacamentos hebreos que había en ciudades como Granada, Sevilla o Toledo que apoyaron el avance islámico.

Y la verdad que tras la opresión de las leyes visigodas que eran verdaderamente injustas, a los judíos, la invasión musulmana, al menos al principio les vino muy bien. De nuevo florecieron con un renacimiento esplendoroso las comunidades judías hispanas. Su posición en Al-Andalus, mejoró a nivel juridico, económico, etc. Las persecuciones terminaron aunque no gozaron de total libertad, como no se convirtieron al Islam, simplemente gozaron de una abierta tolerancia.

Con la llegada de los Omeya, concretamente con Abderraman I, y la creación del Emirato Omeya Independiente de Córdoba, en el año 756, los judíos cobraron un papel público estelar, tal y como les había ocurrido con los Omeya en Siria. Los judios se convirtieron en un lapsus muy breve de tiempo en los colaboradores del poder, tanto en política externa como interna, el punto culminante de este papel, lo encontramos en el siglo X, en la época del Califato y la dictadura amirí.

Pero por desgracia conservamos apenas datos del número de judios de esta época, ubicación e importancia social y de posibles fugas de judios a los núcleos hispanocristianos del Norte.

En esta época los principales asentamientos los encontramos en Lucena, de la que se dice que estaba poblada totalmente por judíos, así como Granada, antes incluso de ser el reino de taifas de los Ziríes en el siglo XI. Aunque las dos principales juderías de Al-Adalus son Córdoba, seguida de Toledo, y  Calatrava. 

Los judios en Al-Andalus no sólo eran brillantes comerciantes que mercadeaban en la Península, Europa y Oriente, sino además eran agricultores ( podían comprar tierras), eran brillantes artesanos y científicos respetados. Incluso gozando de libertad, vivían en Guettos, o barrios propios. Tal era el poderío judío en Al-Andalus, que propició la llegada de más judíos inmigrantes del norte de África y del norte peninsular. Así Córdoba y Lucena se convierten en los dos focos de la creacion intelectual hebrea a nivel mundial. EN gran parte por la simbiosis con la cultura árabe del entorno. Es curioso que jamás la intelectualidad hebrea y árabe ha brillado más que en la época en que fueron juntas de la mano y vivieron en paz.
Ciertamente que el esplendor judio en Al-Andalus comienza a  apagarse tras la muerte de Almanzor, y cuando en el año 1031, cae el Califato de Córdoba, y se desmembra Al-Andalus en reinos de Taifas, la Escuela cordobesa, decae hasta desaparecer. Esto es debido a que los judios participaron muy activamente en las guerras civiles que se desarrollaron en el siglo XI. Los judíos fueron defensores acerrimos de la legitimidad omeya, de ahí que padecieran la venganza bereber, de tal forma que tuvieron que empezar a huir. La guerra de los berberiscos contra judíos es sin duda el episodio más triste de muerte que vivieron los judios hispanos en toda su historia. Con la desaparición de la aljama cordobesa se engrandecieron las juderías de Sevilla, Zaragoza, Granada, que fueron el germen de las juderías que nacerían en la España cristiana, que fue recibiendo oleadas de emigrantes.