jueves, 29 de mayo de 2014

Paseando entre árboles...



Siempre hubo un vinculo muy especial y primordial entre el ser humano y el árbol. A través de todas las épocas, el ser humano y el hermano árbol supieron reconocerse. El ser humano cuando destruye el bosque, está renunciando y destrozándose a si mismo. Está rompiendo su vinculo sagrado, con la tierra y el cielo. Está renunciando a su alma y a lo mágico que hay en él.



Se puede decir que si creemos a Pitagoras, cuando decía que el Hombre era la medida de todas las cosas, el árbol es su alter ego, ya que en la universalidad de la esencia del árbol, encontramos un totalizador de todos los significados de la esencia del hombre y nuestro mundo.



Es un símbolo vivo y que hemos de vivirlo. En nuestra alma, tenemos raíces profundas, y ramas, para ayudarnos a unirnos con el cielo y la tierra, a través de nuestro ser más intimo.



Cuenta la Biblia que fue al tercer día cuando se crearon los árboles frutales, antes de la creación de los animales, del Sol y de la Luna, antes del Hombre.



"Y Dios dijo, he aquí que os doy toda planta que lleva semilla existente sobre la faz de la tierra entera y todo árbol que contenga en si el fruto del árbol seminifero que os servirá de alimento".



Y Dios añade, que las bestias tomaran su alimento de la hierba verde, pero el fruto del árbol será para el Hombre.



Así es como al Hombre, se le destina todo árbol y su fruto, exceptuando el de la Ciencia del Bien y del Mal. Cuando el Hombre prueba ese fruto, Dios monta en cólera y dice: "Ahí tenéis al hombre, que se ha vuelto contra Nosotros por el conocimiento del Bien y del Mal. Ahora, pues, no vaya alargar su mano y tome también del árbol de la vida, coma de él y viva eternamente". Y así es como el Árbol de la Vida, fue custodiado en el centro del Paraíso por dos querubines armados con sus espadas de fuego. Aunque la Biblia termina con una promesa, "Al que venciere le daré de comer del árbol de la Vida", curiosa esta promesa. Vencer.. ¿Cómo, cuando y a quien?



Lo extraño es que el Árbol de la Vida, además de en el pueblo judío, existe bajo diversas formas en otras culturas. Es la Acacia o Sicomoro que da vida a los Muertos en Egipto. Y en este mito es donde vemos que el árbol está asociado a la Gran Madre, y que su savia, no es otra cosa que el éter inmortal, su energía vital está vinculada a los poderes femeninos de la Creación y sus misterios.



El árbol, es la imagen del cosmos eterno que se regenera, es el ser vivo por excelencia donde se fundamenta el mundo. Es la fuente inagotable de la vida, el ser vivo que incluye todas las cosas, la vida y la muerte, siendo el fundamento del Cosmos.




En la civilización pre-india, de Moenjadaro, el árbol cósmico es representado por el Ficus religiosa donde se posan las diosas.La asociación del árbol y las diosas, la vemos en Gilgamesh, en Mesopotamia.Según cuenta el poema la diosa Siduri, se encuentra en un Jardín, donde se encuentra un árbol milagroso. El árbol en realidad es una cepa gigante de vid. Y la diosa se llama Madre Viña.



En la tradición India, tenemos la manifestación de Brahman en el Cosmos. tal y como dicen los Upanishad, "sus ramas son el éter, el aire, el fuego, el agua, la tierra". Y de esta forma, el hombre a través del árbol, se hace uno con la manifestación única e infinita de Brahman, cuando retorna a su seno.



En  diferentes civilizaciones el hombre nació del árbol y a él retorna al morir y es sin duda incuestionable que existe un culto ancestral al árbol y lo que representa.



Contaba Marco Polo, que el gran Khan, ordenó plantar árboles con el mayor placer, porque decían los sabios y astrólogos que quien planta árboles y cuida plantas, tiene una larga vida. En el simbolismo chino del YIng y del Yang, vemos esa alianza entre el árbol y el hombre, el hombre contiene el germen del árbol.



En el Antiguo Testamento tenemos el Árbol de Jesé, "ahora bien saldrá un brote de tocón de Jesé, un vástago brotará de sus raíces. Y reposará sobre el espíritu de Yahve, espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y de fuerza, espíritu de conocimiento y de temor de Yahvé".



El árbol de la vida, en la tradición judía, se vincula al estudio de la Torá, que dice lo siguiente: "Todo el que se entregue al estudio , no tema ni lo alto ni lo bajo, ni las miserias ni la angustia del mundo, porque está atado al árbol de la vida y cada día recibe su sabiduría".



Por su parte, cuando Adán y Eva comen del árbol del Bien y del Mal, comen del árbol de los opuestos, la ciencia del si y del no, entraron en el mundo de lo verdadero o lo falso, de lo positivo y lo negativo, dejando el árbol de la vida, que unifica. Entraron en el camino de las dualidades, camino del que los orientales el hombre debe liberarse, si desea alcanzar el rango de los Vivos.Según explica el Zohar, el hombre, antes de comer del Árbol de la Ciencia, no distinguía entre lo dulce y lo amargo. La serpiente le ofrece la posibilidad de distinguir entre ambas cualidades y lo introduce en la rueda de las dualidades. La mujer que fue la incitadora, Eva "la madre de toda vida", es en su esencia, la que debe hacer la reunificación andrógina del bien y del mal. El Hombre tuvo prohibido el acceso al Árbol de la Vida, hasta que Jesús murió en la Cruz. Y estos dos árboles, los hayamos en Mesopotamia como Árbol de la Verdad y Árbol de la Vida que se erguían como los dos pilares de entrada al templo de Salomón. Nos referimos a Jaquim y Boaz.



 En Oriente Medio, encontramos el árbol, representado entre dos animales enfrentados, que simbolizan los misterios de lo vertical y lo horizontal.